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EL ECO DE MONTERREY
Verín, 10 de Mayo de 1931
Elseñor Santamarina oo agrada
a los espadistas
Desde hace unos dias dió comienzo
en el campo espadista una campaña
tendenciosa contra el señor Santamarina
valiéndose de algunos elementos republicanos
que se prestan al juego, y
se dejan manejar como figuras de un
guiñol. Triste papel reservado a las
personas faltas de experiencia, de sentido
político y de masa gris.
Sin más comentarios voy a exponer
unas cuantas verdades, que el público
aquilatará en todo su valor.
El señor Santamarina ha sido la única
persona de prestigio y significación
política que no ha colaborado con la
Dictadura; negándose a formar parte,
aún, de aquellos ayuntamientos que se
constituyeron a base de elementos de
altura, y en los que estaban representadas
todas las fracciones políticas.
Al caer la Dictadura asistió a las primeras
reuniones políticas que se celebraron
para organizar las fuerzas espadistas
y al convencerse que los procedimientos
a seguir eran los mismos que
se usaban en los tiempos anteriores al
golpe de estado, con toda claridad y
valentía rompe las ligaduras que le atan
con los del antiguo régimen e ingresa
en las huestes republicanas como soldado
de fila.
En esta actitud noble y desinferesa-
da se mantiene, hasta que se inicia la
campaña electoral; comienza la propaganda
con escasos elementes y aun
sospechando de que algunos republicanos
mantienen secretas concomitancias
con los espadistas va a la lucha seguro
de la derrota.
Al conocer el vergonzoso pacto electoral
y hecho público el medio de que
se valieron pare darle forma lo reprocha
con energía parodiando aquella
frase del insigne marino: «Más quiero
honra sin barcos que barcos sin honra.»
La proclamación de la República sorprende
a lodos y comienzan a manifestarse
las ambiciones y las disputas
consiguientes para arrebatarse unos a
otros los cargos a que se creían llamados,
el señor Santamarina presencia el
pugilato y permanece distanciado para
no hacer más vergonzoso el espectáculo.
Para poner fin a las discordias el señor
Gobernador llega a Verín y nombra
la Comisión gestora, el señor Santamarina
pudo ser nombrado alcalde
con una simple indicación. pero no la
hizo, cree es obligada su colaboración
y asi lo hace ocupando uno de los tres
puestos. Es llamado a Orense para que
designe la persona que ha de ocupar el
cargo de diputado provincial y con general
asentimiento designó a don Francisco
Alvarez Campos.
Ante estos hechos el señor Poza Juncal
con fina perspicacia, ve en él un leal
servidor de la República, un verdadero
patriota, cuya colaboración le es muy
necesaria y deposita en él su confianza
para organizar el distrito. Bien merecido
lo tiene.
Cantaclaro
Tesorería le pacienta
El «Boletín Oficial» del 2 y 5 del corriente
publica la apertura de la cobranza
en periodo voluntario de las
contribucianes correspondientes al segundo
trimestre del año en curso, que
ha sido fijada para h s días que a cada
municipio se señalan en la misma.
Las oficinas recaudatorias estarán
abiertas al público durante seis horas
como míramo, incluso los días festivos.
Los contribuyentes podrán satisfacer
sus recibos sin recargo, independiei.te-
ment de los dias señal; dos del mes de
mavo para el municipio de su vecindad,
del 1.° al 10 de junio en la capitalidad
de la zona recaudatoria respectiva,
cuya oficina estará abierta al público
por ocho horas diarias como mínimo,
durante el plazo indicado.
Transcurrido este plazo, quedarán
los recibos en dicha oficina a disposición
de los contribuyent s, recargados
con el diez por ciento, durante los dias
21 al 30 de junio, previniéndoles que
si dejaren transcurrir este último plazo
sin satisfacer sus recibos, el recargo se
elevara al 20 por ciento.
Si al presentarse en la oficina recaudatoria
a recoger sus recibos no estuvieran
éstos en poder del Recaudador,
los contribuyentes podrán exigir a éste
la entrega de una papeleta fechada, firmada
y sellada, haciéndo'o constar asi,
con lo que quedarán exentos de recargo
siempre que paguen sus recibos
dentro de las veinticuatro horas siguientes
de serles presentado al cobro
los recibos por el señor Recaudador a
sus Agentes.
Dille Sonoro
LA EMPRESA CANCIO,
DEL TEATRO PRINCIPAL DE ORENSE,
deseando que el público de Verín pueda admirar
las incomparabks bellezas del
pensó en h-cer un< instalación en esta villa
para proyectar AL AIRE LIBRE en los meses
de VERANO las más herimisas pelíi ulas
HABLADA^ y CANTADAS
tales como
“El desfile del Amor", “Río R¡ta“, “Sombras
de Gloria", “ElArca de Noé“, etc.
Al efecto, y con el fin de asegurar los cuantiosos g. .■ ti s de traslado del
material y elevado coste de la películas sonoras, abre un abono por diez
funciones al precio de veinte pesetas, que Irs stñonstb< iados no entregarán
hasta tres dias antis de la piin era función.
El término de la inscripción es el veinte riel actual, \ si para esa fecha
no estuviese cubierto el abono, la empresa desistirá de sus propósitos.
Es preciso, pues, inscribirse con urgencia dando los nombres en los
comercios de DON ELADIO FUENTES y DON LINO GARCÍA.
NUEVO ALCALDE
En la noche del viernes se recibió
por teléfono la noticia de haber sido
nombrado Alcalde Presidente de la Co-
sión Gestora municipal don Sergio Romero
Alvarez, caracterizado miembro
del Comité Republicano, en sustitución
de don Manuel Otero.
Posee et siñor Romero condiciones
muy necesarias a ti da autoridad, en
las actuales circunstancias, i nergia y
actividad además de un ferviente deseo
de servir la causa de la R. pública.
Para anunciar el nombramiento se
disparó una docena de bombas y para
y festejaría se le obsequiará con una comida,
por sus amigos y correligionarios.
UNA ACLARACION
En nuestro último número publicamos
un suelto bajo el titulo de « La novena
de la Milagrosa», en el que aparecen
conceptos que pudieran ser molestos
para algunas personas para nosotros
dignas de los mayores respetos.
El suelto de referencia r
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Fundador: DON ANTONIO OTERINO CID
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iPRECIOS DE SUSCRIPCIÓN
Vería . . . roo pesetas trimestre
Fuera de la villa . . USO - «
Extranjero . .. 2'00 • <
Número suelto. . . 0'10 <
Verín, 10 de mayo de 1931
Dirección y Áíliiioii: Pl-za de José 6. Barbón./
NO SE DEVUELVEN LOS ORIGINALES
AUNQUE NO RE INSERTEN
Anuncies v esquelas <1precios convencionales.
según Id plana en que se inserten y el 1
número de lineas que ocupen
Número
467
Informaciones y reportajes
La última noche an ai Palacio Real
El aristócrata— aristocracia no
de títulos fugaces la suya, sino de
la inteligencia—evoca la noche
del 14 de abril en el Palacio de
Madrid Cumpliendo un deber
profesional de índole científica,
este laureado de la sabiduría fija
en sus exactos términos una página
de nuestra historia. Ha visto
las cosas objetivamente, porque
no es un cortesano ni un demagogo,
sino puramente un servidor
de la cultura. Su posición — como
la de todo hombre inteligente—
es equidistante entre los entusias-
-m^. Pc* ieso las palabíLS'u* esie
coloquio, casi un monólogo, no
pretenden más que expresar la
verdad.
El Rey no lo sospechaba
—¿Tenia previstos la Familia
Real los acontecimientos que hemos
vivido?
—Nadie. Ni el Rey. Conviene
advertir que don Alfonso era impenetrable
en cuestiones de política.
Su cordialidad, su camaradería,
se terminaban cuando alguien
planteaba el tema. Entonces
la reserva era absoluta, y sin
contestar a ello ni un monosílabo,
variaba brúscamente de conversación.
Tan sólo aquel hombre
que con admirable entereza
soportaba los acontecimientos,
aquel dandy sonriente, mostraba
una terrible señal de tormentos
interiores: Don Alfonso adelgazó
tres hilos en cuatro días. El dato
es escrupulosamente veraz, porque
es de origen médico.
—¿Y el resto de la Familia
Real?
—Sólo la Reina, que es una
mujer de agudísima sensibilidad,
a pesar de su aspecto sereno y
hasta frío, lloraba amargamente
horas y horas. Nadie notó nunca
nada, porque doña Victoria se sobreponía
a sus pesares, y lo mismo
cuando dejaba al príncipe de
Asturias, gravemcnte atacado de
su enfermedad, para hacer un
viaje, como en estos días de zozobra,
sus deberes la imponiar
ese optimismo externo, esa aparente
felicidad que deben irradiar
los Reyes. A pesar de estos síntomas
de preocupación, de con
trariedad, de sentimientos en carne
viva, nadie era pesimista. S
creía que España vivía un mo-
mentó hostil para derivar haci .
^dima cuantío, cúmpnuas ras ues*
elecciones, municipales, provinciales
y parlamentarias, sus ímpetus
pudieran encontrar en la legalidad
el cauce apropiado. El
Congreso debía liquidar el perio-
dictatorial. A quien hubiese anunciado
en Palacio, de modo profético,
lo que ha sucedido, le hubiesen
calificado de loco. Se que
el Rey, cuando se tramitaba la
última crisis, refiriéndose a las
Constituyentes, les dijo a los mi-
ministros que cesaban: -Yo no
puedo darles a mis enemigos la
República en bandeja de plata.
Debo defender lo que he heredado
y lo que me ha confirmado el
pais. Unicamente, si el bien del
país lo r-xigi' ra, si tuviere que
salvar a España de una convulsión
y de una catástrofe, me sacrificaría
gustoso». Ese pensamiento
es el que ha servido de
norma al Rey como los hechos
han demostrado.
El día 14 por la tarde
—Insisto en que todo extrañó
en Palacio, en qu. ‘nadie tenia ni
la sospecha más mínima de la
gravedad de los sucesos ni de su
inminente desenlace.
La intervención de Marañón
—¿Cómo se tramitó este histórico
suceso?
— Ya se han publicado muchos
detalles; le dire sólo los inéditos.
En casa del doctor Marañón estaba
reunido el Con ité revolucionario—ahora
Gobierno provisional—.
Se trató, natura'men
te, de la situación y porvenir de
la Familia Rea 1 . El doctor Marañón
expuso, el primero, su criterio:
toda ella debía salir de la Península
sin menoscabo en personas
ni bienes. Parece que ese
criterio no encontró resistencias,
pero bueno es que se conozca al
iniciador. Mientras el almirante
Aznar, jefe del Gobierno, y el
conde de Romanones, tramitaban
con Alcalá Zamora el cambio de
poderes, el doctor Marañón participaba
al Rey la decisión de los
revolucionarios. Para ello se eligió
al doctor Pascual, que, no
obstante ser republicano en activo,
afiliado a ese partido públicamente.
era uno de los mé ticos
que cuidaban del principe de Asturias.
El doctor Pascual estableció
el contacto entre don Alfonso
y el doctor Marañón, el cual, para
seguridad de que a las Reales
personas no habría de sucederles
nada, recabó dirigir ese asunto.
"Están en manos de los españoles"
—¿Por qué dejó el Rey a su
familia en Madrid?
—Se acordó que el Rey saliera
primero, en vista de las conminaciones
de Alcalá Zamora y su
«Gabinete». Claro que en otro
automóvil hubiesen podido acompañarle
todos sus familiares. Pero
aquí se demuestra, en un rasgo,
cómo era el Rey y lo que pensaba
de España. Alguien le hizo
una observación parecida a la
pregunta de usted; sentía i 1 lémur
de que la Real Familia corriera
peligro en moment' s como aquellos.
El Rey se volvió al que le
objetaba con apremio y dijo:
—Los míos están en manos de
los españoles.
La noche
-Ya recordará usted lo que
era Madrid el 14 de abril. Centenares
de miles de personas estaban
en la calle. No había ni un
guardia en parte alguna. El pueblo
era dueño absoluto de la población.
¡Y no se rompió ni el vidrio
de un escaparate! Pero esto
lo sabemos ahora, aunque todos
reconozcamos que la virtud patrimonial
de los españoles es la
hidalguía. Aquellas manifestaciones,
aquel delirio, ¿no podran derivar,
por criminal consejo, en
agresión contra la familia que
quedaba en Palacio? Una masa
humana ocultaba la plaza de
Oriente. Camiones engalanados
con banderas se empotraban en
la muchedumbre. De aquella movible
inundación brotaba un estrépito
inaudito. Frente a ella, la
fachada blanca, sin defensa, de la
mansión real. La Guardia civil,
que había sido rebasada; en el
patio, una sección de Húsares de
Pavia—veinticinco hombres—, y
en las habitaciones, un zaguanete
de Alabarderos—otros veinticinco
hombres —, era todo lo que
se hubiese podido oponer al torrente
de seres, que cuajaban hasta
los árboles, en racimos gesticulantes.
Llegó el momento temido.
Poco a poco, los guardias
quedaron ahogados en la marea;
poco a poco, avanzaba, implacable,
los brazos en alto, la ola de
hombres y mujeres, adornados
con lazos rojos y republicanos,
con gorros frigios; en alto, las
banderas, los carteles, las ramas
de árbol. Ya subía la acera..., ya
tocaba la fachada..., ya subían..
Un hombre primero, y otros dos
después, treparon como monos
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EL ECO DE MONTERREY
Verin, 10 de Mayo de 1931
por los resaltes de los sillares; se acomodaron
en el balcón principal... ¡Eran
las avanzadas del asalto que comenzaba,
entre un vocerío que saltaba los
tímpanos....! Pero no. Los hombres,
maniobrando con calma, izaron una
bandera de la República y la amarraron
a la barandilla. Después de lo cual descendieron
otra vez, entre la batahola
volcánica de las gargantas roncas. Entre
tanto, dentro del Palacio, se pensaba
qué hacer si el pueblo rompía las
puertas y asaltaba las ventanas. El jefe
de las fuerzas—a las que se,podria
agregar la Escolta Real—no quiso desplegarías
ante la muchedumbre, para
que no pareciera una provocación. Se
telefoneó al ministerio de la Gobernación,
donde ya actuaba don Miguel
Maura. Este prometió enviar fuerzas. Y
llegaron las «fuerzas». Eran unos individuos
de traje modesto, eran hombres
humildes, de apariencia menestra),
obreros la mayoría; en el brazo izquierdo
llevaban una faja roja. Se pusieron
ante la fachada de Palacio, en fila; se
cogieron de las manos y gritaron: «¡Cinco
metros atrás!» Aquella multitud, semejante
a un mar, fué transmitiéndose
la consigna; empezó a recular lenta-
niente, comprimiéndose, asfixiándose.
A los pocos minutos, el espacio marcado
estaba libre. Los «guardias cívicos»
(luego supe que se llamaban asi) se soltaron
las manos y, al encenderse les
faroles, la masa de gente se deshacía,
se iba para otros lugares de Madrid.
—¿Es cierto que rompieron la puerta
principal lanzando un camión?
—Es totalmente inexacto.
—¿Quién estaba dentro del Palacio?
—Con la Reina y las infantas, en las
habitaciones superiores, además de la
princesa de Carisbrooke, la duquesa de
la Victoria, la condesa del Puerto, la
duquesa de Lécera y otras damas y palatinos
que ahora no recuerdo. Vi al general
López Pozas. Con el principe de
Asturias, en la planta baja, el aviador
Gallarza, el capellán don Angel Urriza,
el duque de Lécera, don Dario López,
el marqués del Mérito, el marqués de
Orellana, el marqués de Someruelos,
don Mariano Capdepón (ayudante del
infante don Jaime), el señor Salazar
(profesor del infante don Gonzalo), el
mayordomo del principe, marqués de
Camarasa; don Luis Arlerias, los dos
ayudantes, marqués de Santa Cruz de
Rivadulla y don Gabriel Bobadilla; el
conde de las Bárcenas, y los tres médicos
de Su Alteza, don Emilio Larrú,
doctor Pascual y doctor Elósegui, el
cual le ha seguido en el exilio para
continuar su plan curativo.
—¿Qué se hizo en Palacio?
—Se hizo la vida normal, salvo los
preparativos de viaje, recogida de ropas,
manipulación de baúles y maletas,
etc. Todas las personas Reales se retiraron
a sus habitaciones a la hora de
siempre. Doña Victoria durmió con sus
dos hijas en la misma alcoba. Sólo ese
detalle merece mencionarse como no
habitual. Y, claro, que todos nos quedamos
velando el reposo -no me atre
vo a llamarlo sueño, porque nadie debió
dormir—de Is augustas personas.
Por lo demás, la calma fué la nota dominante
en Palacio. Nadie golpeó una
ventana ni arrojó una piedra. Nadie
molestó a la Real Familia. Los servidores
— me refiero a los del interior del
Palacio, no a los de Caballerizas—es
tuvieron rodos en sus puestos. Trajinaron
con los armarios y en los equipajes,
y nos atendieron con solicitud a
cuantos estábamos allí. Por la mañana
sirvieron el desayuno—fiambre y café
con. leche—con la misma (^remontó]
que siempre se ha usado; hasta tal punto,
que nosotros les invitamos a que
prescindieran por aquella vez de protocolos
y etiquetas. Como estaban encendidas
todas las luces, los canarios
estuvieron cantando toda la noche. La
intranqui ¡dad era por el Rey. Hasta las
cuatro de la madrugada no supimos
que había llegado a Cartagena.
Otra frase del Rey
—¿No pudo el Rey dar la batalla a la
revolución?
—Naturalmente. A su lado tenia una
fuerza inmensa. No sólo pudo dar la
batalla, sino ganarla quizá. Pero eso
hubiera sido ensangrentar España. Si
el Rey decide sostenerse, la hecatombe
sobreviene, y después, la guerra civil.
Vió claro y prefirió, conforme a su opinión
de siempre, s-crificarse. Lo revela
la siguiente frase suya, después de
acordar la salida de España; «¿No' dT^
cen que son demócratas? Ahora les
voy a demostrar que yo soy más demócrata
que nadie.» Lo demostró al no
atraer la guerra contra su pueblo.
El príncipe de Asturias
— El príncipe de Asturias estaba bastante
enfermo. Dias atrás su primo Alvaro,
hijo del aviador, le invitó a ver
abatir avutardas con el aeroplano. El
principe disparó tres tiros contra una
avutarda con una escopeta que le prestaron.
Los culatazos le produjeron el
tremendo hematoma que se les produce
a los hemofilicos con los golpes.
Por eso estaba en el lecho y sus tres
médicos le atendían. El principe, enfermo
siempre, sin haber viajado apenas,
tiene por Madrid, que es toda su vida,
un cariño ilimitado. Su preocupación
toda la noche—sólo durmió una hora
- era éstá; «¿Pero «le veras no se puede
volver? ¿Es que no nos dejarán entrar
en Madrid?»
Todos los criados de Palacio se despidieron
de él, uno a uno: doncellas,
amas de llaves, ayudas de cámara, etc.
Figúrese las escenas. El principe, cuando
le tocó el turno a Barreno, su criado
personal, mandó sacar de un cajón
un paquete y se lo entregó, diciéndole:
•Repartios eso como recuerdo mio». El
paquete eran valores del Estado, todo
el dinero que tenía el principe, que, como
no gastaba apenas nada, iba ahorrando
su sueldo. Ya al hacer los equipajes.
la Reina y todos sus hijos querían
obsequiar a las personas que está
bamos allí con todo lo que no eran
prendas de indumentaria. Tuvimos que
oponernos con respetuosa energía. Y
los objetos que se llevaron eran recuerdos
personales, regalos que les hicieron
a ellos. De Palacio no fallará,
pues, nada más que la ropa y los retratos.
La Reina
Asi como el pensamiento dominante
del principe era por qué no podia ya
volver a Madrid, la Reina tenia otra obsesión.
—¡Yo creí que habir hecho el bien!
—exclamaba.
Recuerdo a la Reina cuando volvía
¿muchas mañanas de los Centros de Sa-
,nidad. La recuerdo sufriendo náuseas,
sin poder comer, porque se le había alterado
el e-tómago a la vista de las
operaciones quirúrgicas, al hablar con
'cancerosos y tuberculosos incurables,
_al aspirar la atmósfera del éter y del
ácido fénico. Las últimas palabras dela
Reina, antes de subir al automóvil, fueron
las siguientes:
w —Doctor, que me cuiden, sobre todo,
la Cruz Roja, qie es la que le hace
más falta.
Sus manos estrechaban las manos
del doctor Larrú. Poco antes le había
dicho el principe, como despedida:
* —Adiós, y perdóname que te haya
dado la lata.
■ Tierno detalle
f llí&guALdjgs cínicos vejaron ioda la
noche, aunque a las tres de la mañana
eran escasísimas las personas -que pasaban
por la calle de Bailén. Desde las
siete volvió a acudir público, y los individuos
de la Casa del Pueblo hicieron
valer la autoridad de su brazalete
rojo para que nadie se acercase a Palacio.
A las ocho y media, cuando la
muchedumbre empezaba a crecer y se
encrespaba de nuevo el griterío, aparecieron
tres monjas. La gente les hizo
calle hasta la fila de guardias cívicos.
Pidieron entrar, y los guardias, que a
todos se habían negado, les facilitaron
el paso. Eran monjas que habían enseña
jo a hablar al infante don Jaime, sordomudo
de nacimiento.
61 adiós
A las siete dijo misa el capellán Urriza.
La oyó toda la Familia Real, acompañada
de sus fieles amigos y de sus
servidores. Llegaron entonces los jefes
de Palacio, Bendaña y Maceda; se prepararon
los automóviles, todo el mundo
se dispuso a salir. Previamente se
había resuelto tomar el tren en una de
las estaciones próximas a Madrid. Se
eligió El Escorial, y en ese sentido se
dió aviso a las autoridades y al jefe ferroviario.
Una última mirada a las habitaciones
donde habían nacido, al sol
primaveral que brillaba con fuerza, y
los infantes desc ndieron la escalinata
que da a la explanada de atrás. La Reina
les seguía, el principe fué bajado al
coche en brazos de su mecánico Paco.
Se formó el grupo ante las portezuelas.
No se dieron vivas para no llamar la
atención. Una de las infantas llevaba el
minúsculo perrito de la Reina. Al auto
del principe saltó Peluzón, un chucho
que recogió en Colmenar Viejo, un callejero
sin raza conocida. Todos los
hombres se descubrieron. Y los autos
se pusieron en marcha..
Tomás Borras
(De A B C.)
Justo homenaje
El domingo tuvo lugar en el elegante
comedor del «Hotel Salgado», de esta
villa, una cena que el partido republicano,
por iniciativa de don José Santamarina,
supo ofrecer a don Francisco
Alvarez Campos por su elección al cargo
de Diputado provincial por Ginzo-
Verin, con que ha sido premiado por el
gobierno de la República.
Como era de esperar dadas las simpatías
y merecimientos del homenajeado.
asistieron personas de todas las
clases sociales militantes de todas las
fracciones políticas del distrito, cuyos
nombres omitimos en gracia a la brevedad,
habiendo reinado durante el acto
la mayor cordialidad entre los comensales,
que habían acudido para testimoniar
su satisfacción por la merecida
recompensa otorgada al señor Alvarez
Campos, en premio a su constancia
política dentro del partido republicano.
Una vez terminado el ágape, que fué
abundante y servido con la elegancia
proverbial del «Hotel Salgado», hizo
uso de la palabra don Sergio Romero,
quien lo ofrendó haciendo resaltar los
méritos que avaloraban la personalidad
del señor Alvarez. Fué muy aplaudido
por sus breves pero atinados conceptos.
Seguidamente, y a requirimienlos de
los comensales, brindaron los señores
del Rio, Maestro Nacional de Arzádi-
gos; don Luis Pallin, estudiante de Derecho
en la Universidad de Santiago;
don Manuel Fuentes Canal, empleado
del Btnccfastor; don Agusfin Cairelo
Amoeiro, Procurador de los Tribunales
y don José Santamarina, farmaceútico
que hizo el resumen de los dir-
cutsos pronunciados. Todos los orado
res estuvieron muy afortunados, siendo
estrepitosamente aplaudidos. Algunos
de estos hablaron en gallego.
Verdaderamente emocionado el señor
Alvarez Campos, pronunció breves,
pero expresivas frases de agradecimiento
por el cariñoso obsequio a él
tributado, subrayando el deseo de servir
como diputado, con el mayor cariño
y dentro de la justicia, los intereses
a él encomendados, significando su
propósito de poner a contribución lodos
sus anhelos en bien de los intereses
del distrito, que a él fueron confiados.
El fotógrafo, señor Godás, impresionó
algunas placas al magnesio, para
publicarías en la prensa regional.
A indicaciones del señor Santamarina
cursose un amplio telegrama al señor
Gobernador civil de la provincia
agradeciendo en nombre de todos, la
acertada designación hecha a favor de
don Francisco Alvarez Campos.
Luego, y para terminar, entonáronse
la Marsellesa y el Himno Gallego, siendo
estrepitosamente aplaudidos en medio
de atronadores vivas a la República.
En suma, una fiesta digna de figurar,
por todos conceptos, en los anales de
la vida política de este pueblo, que por
primera vez ha visto ocupar a un hijo
humilde sitial de tanta importancia, solamente
reservado a personas de visible
relieve, protegidas de los prohombres
de primera categoría en el campo
de la política, aún sin tener en su haber
las condiciones personales de nuestro
agasajado, fiel servidor del idea! republicano,
que supo hacer frente, durante
muchos años, a los embates de
los diferentes partidos que usufructuaron
el disfrute de prebendas y mercedes.