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EL ECO DE ORENSE.
(),; oita pi-ovincia. era la influencia
(jiie de antiguo venia g-ozaado í)on
Domingo A. Mereiles ¡üosa estrañal
Esta induüücia quo el grupo del pacto
iiahia arrinconado por caduca y
desacreditada, esta influencia á la
(pío, sus propios partidarios, despojaron
di) la jefatura aun no hace
un año todavía, la exhuman, la levantan
de. polvo j nos la presen tan res -
\ plandeciente y poderosa los demócratas-pro2Tesistas,
por mas que don
; Domingo Merelles, como nadie ignora
por acá,t;'aé cuando se hallaba a).
• frenttí del gobierno da la provincia,
fiel (uantenedor y defensor acérrimo
do las soluciones conservadoras, hasta
el punto de no discrepar un
ápice de la conducta seguida por
su predecesor \). J, Eamon Bugallal.
Este obsequio postumo, esta reivindicación
trasnochada y pretendida,
es un nuevo y señalado favor
que debe el Sr. Merelles al di%
putado á Cortes por esta capital, una
vez que al preparar para esto una
, corónide espinas, tuvieron ocasión
de poder dedicar á aquel un ramillete
formado con las flores que le sobraron
de su tarea favorita.
Y siguen apuntando ai colega: «Y
asi como Rouseau cogió una piedra,
D. Vicente Peivz cogió al célebre
' ex-gob amador Lois ó Ibarra, lo ar.
rojo á la lucha en las últimas elecciones
provinciales y ¡cataplum! el
, Sr. Loís dió en el blanco »
Lo declaramos sin ambajes, porgue
tenemos la seguridad de que no
se nos podrá desmentir; el señor
"Lois é Ibarra no ha tomado parte
directa, ni indirecta en las elecciones
pítimas; nuestro» amigos no han cotiocido
el calor oficial en los distritos
en que lucharon, ni se puede citar una
orden, una disposición, que emanase
del Gobierno civil y fuese favorable
á sjis candidaturas.
Es mas, el Sr. Lois se habia formado
el propósito de no intervenir
para nada en las elecciones, las que,
según iecia á cuantos querían
oírle, por sa carácter y por su naturaleza,
carecían de verdadera im.
prrtancia, añadiendo que no era él
quien por todas las diputaciones de
España se exponía á ser llevado ai
^.Tribunal /Supremo . ,
..'^.Y esto se esplica por el resultado
. obtenido; ¿cómo es posible que en un
jiistriio cqmo el de Celenova, tan dócil
siémpr'e á las indicaciones del poder,
hubieran salido triunfantes de
las urnas, candidatos, irreconciliables
enemigos de la actual situacion, y
por añadidura desconocidos en el
país, si se dejara sentir la influencia
oficial'?
Culpan al Sr. Lois del fracaso de
Ginzo, y mier tras lo culpan los derrotados
de la fracción del j!M6'¿<9, los de
j-a izquierda dinástica vencedores,
seguramente que estarán persuadidos
de que nada tienen que agradecer al
señor Lois, de que en nada les auxilió
en el triunfo. Y es tanto mas injusta
la inculpación, cuanto que, el
señor Reigada pactista^Tz-r^^, fuéel.
encargado d^ la organización politica
de aquel distrito, el que vino disponiendo
del elemento oficial y sin
el que nada se concertaba.
En esto no hay escape; ó el señor,
delgada traicionó á.sus amigos, cosa
que nuestra conciencia rechaza
porque le conocemos, ó es tan insignificante
su influencia en el distrito
que con el poderoso auxilio rficial ni
ha adelantado un paso ni fué capaz
de contrarestar las fuerzas do sus'
contrarios.
De lo expuesto so desprendo quo el
Sr. Lois hizo en las elecciones últimas
ftl papel de mero espectador, y
que si en algo le coge la comparación
de la piedra con que le obsequia
el diario de la Oórte, es en lo que
respecta á su inmo vilidad ó impasibilidad.
«.... D. Vicente Pérez, en los
trasportes del triunfo, ha conseguido
destituir á todos los empleados de la
Diputación, desde el Arquitecto provincial
señor Yaamonde h.ista el último
portero, colocando en todos los
puestos á sus allegados. , .»
Esta si que es una jy^rntó lanzada
contra la verdad y contra la independencia
de una corporación respetable.
Todos, absolutamente todos los diputados
provinciaUs de la mayoría,
han intervenido en la remoción del
personal', libr3 y conscientemente,
{ Todos han procurado ajustarse a la
I equidad y á la justicia -m los uom\
bramientos, llevando personas idóneas
y competentes á los destinos de
las distintas dependencias, que no
son patrimonio de nadie. Y como
quiera que la Diputación está facultada
por la ley para separar y nombrar
á sus empleados, sin descender
á otro orden de consideraciones y sin
entrar en un terreno eii ojoso y en
comparaciones siempre odiosas, creemos
haber demostrado la injusticia de
la acusación y la nimiedad del ataque.
Al nombrar determinadas personas
para cargos importantes, no se hizo
mas que reparar pasadas injusticias
y restablecer en sus destinos á los
que fueron de ellos separados en
1874, al Advenimiento dé la política
conservadora á los poderes públicos
Por lo que respecta al cargo que
con esle pretexto se hace á don Vicenta
Pérez, no necesitamos esforzarnos
mucho para desvanecerlo. El
propietario de nuestro periódico no es
arbitro de las voluntades de los diputados
ni se le ha pasado jamás por
las mientes explotar en provecho
propio su representación;/ su influencia
política. Esto lo saben muy bien
los que lo conocen y los que sin conocerlo
juzgan por lo que oyen, j
hasta la fecha, ni la calumnia, ni la
envidia, ni las ruines pasiones que
suelen engendrar los extravies de la
política, no han intentado siquiera
empañar una reputación que se conserva
inmaculada y que siempre se
escuda con su propio prestigio.
En la tarde de anteayer una alegre
comparsa recorrió las calles la población
coreando una jota.'l
Poi' la noche visitó las soci ídades
de recreo en las que fué expléudidamente
obsequiada.
La Comisión permanente de esta
Excma. Diputación, con el laudable
intento de hacer que se reanuden las
tareas académicas en la Escuela
Normal de maestras de esta ciudad,
ha girado una visita de inspección á
aquel establecimiento para informarse
de so estado, y acordó que un arquitecto
reconozca todos los departamentos^
fie de que informen si oftecen
.la seguridad y las condiciones
necesarias para el objeto á que se les
destina.
La junta directiva del Casino Militar
acordó dar bailes de máscaras
el próx/mo domingo y martes de car-,
naval.
üno de sus individuos nos ha rogado
que hiciésemos público este acuerdo,
una vez que no se repartirán esquelas
de invitación.
Mañana aparecerá él primer número
de la Gaceta del Gafmval, periódico
humoristico que sm someterse á
las prescripciones de la ley de imprenta
m sufrir las contrariedades
anexas á la prensa política y de inte-:
roses materiales, se propone publicar
el «¿iceo Recreo de la Union Orensana»,
durante el imperio de carnes
telendas.
Es verdaderamente escandaloso lo
que acontece con los carruajes que
hacen el servicio de correos por la
linea, de Ponferrada.
Además de estar recibiéndose con
ocho y mas horas de retraso la correspondencia
en esta capital, los coches
no reúnen ninguna do las condiciones
exigidas por la ley.
El señor Administrador do correos
ha puesto en conocimiento de la Dirección
general del ramo los abusos
de la empresa.
Merece suelto por separado la parte
grotesca de El Poroenir, á, que
contestamos.
El colega dice por carta que tiene
á la vista que «la indignación que en
Orense ha producido esta destitución
de empleados (los de la Diputación)
entro loa cuales habia muchos que
contaban 20 y mas años de servicios,
y que no doblan ciertamente á influencia
alguna política sus destinos,
es tan grande que, la población en
masa piensa elevar una pretexta al
Gobierno contra semejante determinación.»
Risim teneatis.
En la población, como es natural;
los amigos de los cesantes no vieron
con buenos ojos el proceder de la Diputación,
y los vecinos no se alegraron
de la cesantía, porque él que tiene
buenos sentimientos no se complace
con las vicisitudes del prógimo; pero
de este á decir que la población piensa
protestar en masa centra, esas cesaotias,
existe una diferenoia exencialisima,
que todo el que esté dotado de
un regular sentido podrá apreciar.
No parece sino que los empleados
oran irremplazables, y que "el movimiento
del personal ha influido en el
desenvolvimiento de los intereses públicos
ó representa una calamidad
para los contribuyentes digna de formar
época y propensa á infundir alarma
en el ánimo de la opinión.
Duélenos teaer que ocuparaos (Jq
estas cosas, pero- á ello nos obligan
esas eficiogas defensas que ni á los
mismos interesados. favorecen ,
¿A título de qué sostienen come un
derecho esos empleados su permanencia
en la Diputac-ion'? Si los que les
han sustituido hubísrau sido respetados
en sus puestos', ¿no contariau al
presente cmi mayor húmero de años
do servicie?
jQue no debían sus destines á ninguna
influencia política! ¿Los debían
acaso á una oposición óá sus prupus
méritos? .... tü .
iVo nos sorprende que los lastimados
en sus intereses particulares protesten
ó no se conformen con lo acordado
por la Diputación; loque nos
extraña, lo que nos maravilla, le que
nos asombra, es que haya quien pierda
el tiempo en crear atmósfefa en
este sentido, procurando deducir consecuencias
que no caben en ningún
cerebro regularmente organizado y
que solo se prestan al ridiculo.
Si come hemos oido, les del
para hacerse simpáticos ahora que
están caídos, torntin como protesto
la situación precaria de algunos, afertUíiadamenle
pocos, deles destituidos,
si se quiere que la ca-idád sea norma
á la que se ajusten las determinaciones
de esta Índole, entonces, si sea
consecuentes, deben coriieuzar per
suspender sus lamentaciones, porque
tan angustiosa y precaria es la situación
de algunos colocados, que sometido
el asunto al fallo de un tribunal
severo tendría que fallar, en favor de
los últimos, per lasencil-la razón de
&er idénticas sus circuíi^tancias y llevar
aquellos la • vcíitaj'á do haber estado
colocados on«e -ams consecutivos
mientras-eslíes sé¡*eücoatrábatr cesantes^
^'-v ••1
Telegrama*
Madrid 2t.
Senado discátese proyecto
ley colonias agrí-
greso código co
, y^iiinia crisis r rancia.
Oelizacioi cüatros:61'05
Imprenta do El Eco de Orense.
Álha, 15.
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PROPIETARIO,
\m Timik 'Pérez.
¡SE PUBLICA LOS MIÉRCOLES Y SÁBADOS.
Sábdo 27 de Enero de 1883.
DIRECTOR
KM. 229
Documento parlamenlano.
DISCURSO
cLerSr. I). Gárlos Navarro y Rodrigo
pronunciarlo en el Congreso de los
Diputados el dia 21 de Diciembre
de 1882, en apoyo de la proposición
del Sr. Qiillon. '
(continuación.)
Y al hablar de la exageración del
programa de la izquierda, no creáis
que a mi rae asusta tanto la Constitución
da 1N69. Yo que no la aplaudí
en los periodos de vértigo revolucionario;
yo que no la defendí en contra
del señor Cánovas del Castillo, yo no
diré de esa Constitución lo que otros,
con muchisima menos razón que yo
dicen ó parece que dan á entender,
y es, que esa Constitución es republicana,
como nos ha dicho esta tarde
el señor García Ruiz, y la Monarquia
que en ella se establece es una
reducción de monarquía, una magistratura
irrisoria y menguada. Individuo
de la gran Asamblea Constituyente
que elaboró esa Constitución,
declaro que en mi modesta oscuridad
veía con sobresalto el exceso de democracia
que á todos nos envolvía y
arrebataba en aquellos días de entusiasmo
irreflexivo, y temía por el
porvenir de esa misma revolución;
pero yo no tenia derecho á creer que
fuese esa Constitución una Constituí
cion i-epubiicana, ni que la Monarquía
que en ella se establecía fuera
una Monarquía menguada, cuando
nos la presentaban á la aprobación
de a gente moza é inexperta de la
política monárquicos bien convencidos
y autoridades bien irrecusables;
el experimentado estadista, verdadero
Néstor de la política española contemporánea,
que se sienta en ese sitial
(Señalando á la Presidencia), y
el siempre digno y el siempre autorizado
representante de las ciases ricas,
conservadoras y aristocráticas
de este país, que se sienta en aquel
banco. (Señalando al del Ministerio.)
Y si no era entonces la Constitución
de 1869 el Código de la anarquía,
como algunos dan á entender,
en aquellos tiempos de vértigos revolucionarios
en que no se buscaban
compensaciones inteligenies y moderadoras
por hombres tan experimentados;
si no lo era en aquellos tiempo&,
cuando empezamos por establecer
una solución de continuidad en
la institución monárquica, que yo
combatí, que yo no vote porque era
solo favorable á la propaganda federal
que envenenó, para siempre quizas,
el espíritu de nuestras .¿asas
populares, la sangre de nuestro pro- ^
jetario; si no era entonces el Código
de la anarquía, cuando como suprema
necesidad, teníamos que encarnar
la Monarquía e.i una dinastía extranjera,
inspirada en los mas rectos
y elevados proposites, pero totalmente
desconocida y totalmente desconocedora
de nuestro país, ¿losaría hoy,
cuando quieren lealmente corregirse
las inexperiencias y las dificultades
de aquella Constitución? ¿IjO seria hoy
cuando el intento de restablecerla
con rectificaciones de índole gubernamental
y conservadora parte de
elementos democráticos que vienen
á la Monarquía htiyendo de la revocion?
¿Lo seria hoy, cuando estamos
en plena normalidad, y para todo espíritu
medianamente provisor y patriota
es uoa efeménde nefasta el
cantonalismo del 73, y tenemos un
Trono con hondas raices en la opinión,
que es la primera fuerza social
de este país, expresión y prenda ála
vez de nuestra nacionalidad y de
nuestra libertad, ocupado por un modelo
de Soberanos de nuestro siglo,
y que está acompañado y rodeado
de imaSeina noble y leal y de Princesas
virtuosas ó ilustradísimas? ¿Lo
seria hoy, cuando con el restablecimiento
de esa Constitución hondamente
modiiioada vienen á toda prisa
á las zonas templadas de la Moaarquia
constitucional, desde las áridas
estepas do la revolución, elementos
valiosísimos déla democracia, á cuyo
patriótico movimiento suscitan todo
linaje de obstáculos, con habilidaries
masó menos pérfidas ó Con cóleras
mal disimuladas, las grandes ambiciones
sin ideal, ó los que al parecer
no están hartos todavía de utopias
funestas y do anarquías disolventas
y aniquiladoras de laPálría? ¿Lo seria
hoy, cuando el propósito de restablecer
la Constitución de 1869, tiene
el hermoso, el gran objetivo, aunque,
se equivoque^ como se equivocan
ciertameúte, tiene como hermoso objetivo
el establecimiento de una legalidad
común que pueden aceptar
dignamente los liberales y Jos conservadores?
No; no es por la deficiencia
de la Constitución de 1889, modificada
en los términos y con el alean -
ce que las circunstancias rmponc/rian
á la reforma, por lo que yo no acepto
esa Constitución. Lo que no creo de
modo alguno, y este es el lado práctico
de la cuestión, y ^ste es el nudo
gordiano de la cuestión, y esta es la
cuestión toda, para decirlo de una
vez, es que la Constitución de 1869
pudiera servir de legalidad común á
los partidos que han de vivir dontro
de la Monarquía constitucional y han
de servirla de órganos necesarios en
el gobierno ó en la oposición.
La eterna pretensión do ios partjU
aaHfsajoaooB.;
dos españoles ha sido siempre tomar
sus soluciones aisladas, sus combinaciones
parciales, sus fantasías á veces
meramonte caprichosas, por aspiraciones
nacionales, por realidades
fecundas y vivideras, creyendo que
ellos son toda la Nación y que el resto
de la Nación no piensa, no habla,
no siente sino como ellos hablan,
piensan y siauten, que lo que algunos
hombres públicos de gran autoridad,
de gran notoriedad, de gran importancia
suscriben en un programa ó
en una fórmula para ponenre de
acuerio con mas ó menos trabajo y
diferenciarse de otras agrupaciones
afines, no quiero decir que para que
no estorben, lo pide y lo reclama con
la misma urguncia, y con el mismo
afán, y con la propia perentoriedad
le opinión pública. Tal ha sido la
eterna pretensión de los partidos político,!
de nuestra Patria; y la realidad,
que reserva sus burlas mas crujios
y sus ironías mas sangrientas para
vengarse 4e los que la olvidan,' ha
venido después y con un soplo ha derribado
aquellos grandes edificios,
aquellas sobernas fábricas que se
construían sobre arena, y que sus
autores/ llenos de patriotismo, pero
también con un poco de imprevisión,
parecía que destinaban á la inmortalidad.
Desde el comienzo del siglo, esto
es, desde el principio de la era constitucional,
venimos los españoles
persíguiéndo, sin conseguirlo, el
ideal de una legalidad común. Dos
constituciones, sobre todas, han teniel
entusiasmo irefloxivo, el entusiasmo
inconsciente, pero indudable, de
nuestro pueblo: la constitución de
181 á y la Constitución de 1869, hijas
una y otra Constitución, de las dos
grandes revoluciones alrededor de
las cuales gira la historia nacional
en el presente siglo; revoluciones
que se hicieron casi en medio de la
unánimidad de la Nación, y que fueron
también seguidas de dos verdaderas
restauraciones que tuvieron
(jus'x) y necesario es consignarlo) el
asentimiento indudable de la Nación.
La libertad, secularmente proscrita
en nuestro país desde el tiempo de
los Rustrías produjo la Constitución
de 1812; la democrácia, ántes totalmente
desconocida en nuestro pais
ó poco menos, formuló la constitución
de J869; con la particularidad
de que una y otra Constitución, la
Constitución hija de la libertad y la
Constitución hija de la democrácia
entrambas fueron hechas en ausencia
de la monarquía lo cual explica
sus deficiencias monárquicas, cuando
siendo el elemento de la história
y el factor de la tradición, lo que
hay que tener mas en cuenta para
dar solidez á las construcciones po-
líticas, la Monarquía, es indudablemente
la institución mas arraigada
en nuestro pais, de tal manera qua
la institución monárquica se enlaza
y une tan fuertemente á la ívida de
nuestro pueblo, que la oxístencia de
la monarquía se confunde allá en la
noche de los siglos con la existencia
de la misma Pátria Así se explica
que en el día de hoy, inteligencias
tan serenás y tan imparciales como
la dyl señor García Ruiz¿ declare,
como acaba de hacerlo hace breves
instantes, apesar de ser republicano,
que tiene el presentimiento para nosotros
feliz, de que no ha de jrer, no
ha de ver en lo que de vida le quede,
la reaparición de la Eepública.
La restauración que vino después
de 1812, la restauración de 1814 barrió
la obrado aquellos tiempos, persiguió
á los grandes patricios do
aquellos tiempos, los llevó al destierro,
á los presidios, á los cadalsos;
por eso se abrió un abismo entre eí
Trono y aquella gran generación;
por eso los patriotas de 1820 inapu»
SÍeroa aquella Oorwfcifcucioa «in roo-
tificacion ni enmienda, como un trágala
irrespetuoso, como una revancha
imprudentísimaque toraabancon
el Trono; por eso fué imposible la inteligencia
leal entre el Trono y el
pueblo, tan necesaria para la paz y
para el progreso de este país; ahí na*
cieron y ahí debieron morir los obstáculos
tradicionales. Muerto Fernando
Y I elevada al Trono Doña Isabel
11, gobernando el país su madre
Doña María Cristina, todos los liberales
dieron en e! principio de este
reinado grandes pruebas de moderación
y de prudencia. Martínez de la
Rosa pecó de timidez y de encogimiento;
el Estatiuto no podía servil*
en realidad para satisfacer las necesidades
de un pueblo libre; por lo
cual surgió la oposición bién pronto
en el seno do los Estamentos de Procuradores
y Proceres ante cuya oposición
se inclinó con noble y elevada
patriotismo Dona María Cristina. El
nuevo Ministerio pecó también de timidez,
de indacision y encogimiento,
y cuando los liberales de aquel tiempo
no pensaban ciertamente en resucitar
la Constitución' de 1812, que
todos por patriotismo tenían ya olvidada,
la opinión, impaciente de/ reformas,
tuvo por interprete audaz do
sus deseos á un descontento indisciplinado
de los cuarteles, al sargento
García, que hizo el motín de la Granja
y levantó como bandera la Constitución
de 1812, enfrento de Isturiz,
elevado por la Corona para realizar'
todo un programa de reformas pedido
en la oposición, y que al aplazarlas
enfrente de la opinión que las pedia,
cayó del poder para figurar desde entonces
hasta morir como figura su-
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LE ECO DE OEENSE.
baltema y secundana de ia política
enti-a los coas^rvadoi-es El impono
do la Coíi^tituctoa dvi 1812 faé efiruero
poi' fín-tiuia. La g-oaoraoiOQ do
aquel tiempo, VLém de'baeoa fé, iüspu-ada
por el patnotismo mas piu-o,
imbuida de las leccioties de la expenencia,
oorfigió la obra de sus g- loriaos
aatepasa losy formuló la Constitución
de 1837, que aceptada pellos
conservadores (Martínez de la liosa
declaró que estaba hecka y mo 'elada
en sus prioeipios) c instituyó
desde entonces una leg-alidad común.
jOiiántas Lágrimas y cuántas vergüenzas
y cuántas revoluciones se
habnan abo'-radoá nuestra Patria, si
los partidos históricos bubieran sido
leales á aquella obra de paz yaaqu^l
pacto de concordial
La revolución de 183S, como la
revolución de IS12, fué también una
explosión nacional; y como la revolución
de 88 '2, traía en sus entrañas
el factor de la libertad, que antes no
era nada, y entonces y después lo
quiso ser todo en nuestro país, seg-un
la frase de Siiyes aplicada al estado
llano de la revolución francesa; como
la revolución de Í8I2, • la ^evolución
de tBGH traía en sus entrañas
el factor tremendo de das sociedades
modernas, ei factor de la democracia,
todavía naciente, todavía desconocido,
que venia con todas las grandes
ilusiones y todos los nobles entusiasmos
déla juventud, pero también
con todas sus inexperiencias y
con todas sus temeridades. Como la
revolución de i 81*2, formuló ¡su Códi^o,
el Código memorable de 1869;
y 'oomo la pevolaeicm dñ 1812, tuvo
también su restauración, la restauracion
de Sagunto. ¡Pero qué diferencia,
Sres Diputados! La restaucioa
de 1814, que tanto 'debía á la
Pátria, que todo lo debía t ia Patria,
llena de ira y d® rencor, proscribe,
destierra, mata, levanta el patíbulo,
se maní- ha de sangre, vive del terror;
la restauración de nuestro tiempo,
que solo podía ver en los liberales
enemigos q^e la tenían en ia desgracia
y en el destierro, que se ofrecía
como una bandera de paz á la
reconstrucción de la Patria, hecha
pedazos en los últimos estertores de
la Eepública, la restauración de
nuestros días, llena de generosidad
y de nobleza, está inmaculada y limpia
de toda proscripción y de toda
venganza, transige con los vencidos,
no los humilla, busca en todo soluciones
de concordia; si hay mártires,
Europa sabe que son platónicos; si
hay desterrados, el mundo sabe que
son voluntarios; y cuando trata la
restauración de establecer una Constitución,
transige también con los
grandes principios de la revolución
de Setiemáre, empezando por lo que
ya os ha señalado un feliz atisbo de
la natural perspicacia del Sr. Becerra,
empezando por buscar de una
manera digna, como lo puede hacer
la Monarquia, ei bautismo moderno,
la confirmación de la soberanía nacional
por medio del sufragio universal,
que eligió las primeras Cortes
de ia restauración.
Y ahora, seamos justos é imparcíales
todos ios que hemos tomado
parte en la revolución de Setiembre.
Doutro de la Constitución de 1876, ó
coa ia Constitución de 18 7(3, son
compatibles todos los progresos y
todas las libertados. Decidme qué
necesidad social de este país, qué libertad
hay y qué progreso que quede
ahogado en e§ta Constitución ó
que no pueda recibir amplia satisfacción
por medio de leyes especiales,
por medio de leyes orgánicas, en
Códigos especiales, signiendo, las
corrientes europeas de nuestros tiempos,
que ya no van por sus antiguos
caucas, que ya no admiten que las
Constituciones sean fastuosa exposición
de principios, verdaderos tratados
de derecho político, mas propios
de los Ateneos, de las Academias y
de las Universidades que de los Parlamentes.
Cumpliendo noblemente,
lealmente, sin meticulosidades, sin
calculados ó hipócritas aplazamientos,
cumpliendo todos los compromisos
que contrajimos en los dias de
oposición, como yo creo que los cumplirá
el Sr. Sagasta,- con criterio uniforme
en todos los departamentos
ministeriales, porque la política de
una situación tiene que ser sintética
y armónica, y no contradictoria y
fragmentaria, tocada á veces de un
liberalismo hasta utópico y otras
hasta con dejos reaccionarios; yo
creo que quedan salífechas todas las
reivindicaciones legitimas de la opinión,
aunque queden sin satisfacer
reivindicaciones temerarias para la
utopía siempre soñadora y para la
ambición nunca saciada; reivindica -
ciónos que por su misma exageración
y por su propia temeridad no habían
de encontrar calor, simpatía y entusiasmo
en la opinión pública. Hé
aquí la base de una inteligencia noble
y leal entre todos lOS elementos
liberales que aceptan la Monarquía,
con tanto mas motivo cuanto que yo
he observado un fenómeno singularísimo
que voy á entregar á vuestra
meditación.
En el curso de estos debates yo he
asistido con suma atención á lo que
ha pasado en esta Cámara y á lo que
ha pasado en otra parte, y veo que
los que hablan de la letra de la
Constitución de Í869, mas que en
resucitar las desconfianzas de que en
esa Constitución era objeto el Poder
ejecutivo, lo que quieren es mantener
á toda costa una fecha, para dar
á la;Monarquia cuando ellos lleguen
una popularidad mas; y los que mas
hablan de la Constitución de 1876,
más que en olvidar el espíritu de la
Constitución de 1869; sobre toda en
su parte saliente y fundamental, que
es lo que constituye la esencia, la
médula, ia grandeza, la majestad de
aquella Constitución, esto es, el enal
tecimiento del Poder judicial; esto
es, revindicar y mantener el carácter
jurídico de la revolución de Setiembre,
que quiso colocar los' derechos
individuales bajo la garantía y salvaguardia
délos tribunales de justicia;
mas que en olvidar yste espíritu
de la Constitución de 1869, ponen
empeño también en conservar otra
fecha, para que la Monarquía no
tenga, siendo ellos gobiarno, io que
reputan, equivocada pero noblemente,
un prestigio menos; con la particularidad
(vosotros observáis ese fenómeno),
con Ta particularidad de
que los que habla i de la Constitución
de 1869 busüdn prcferentemtmíe
el concurso de los antiguos coas-
titucioáales, como fianza de su sin»
ceridad monárquica; y los que hablan
de la Constitución de 1876 buscan
preferentemente, y esto se ve y
so paipa, buscan preferentemente el
concurso de los antiguos demócratas,
como para que sean fiadores
de su sinceridad liberal ó democrática;
lo cual demuestra que en el fondo
de esta cuestión, lo que palpitaos
una cuestión de fecha, una cuestión
de nombre, una cuestión de símbolo,
como decia ayer elocuQntemente el
señor Moret; cuestión de fecha, cuestión
de hombre, cuestión de símbolo,
insignificante y baladí para todos los
hombres dé pensamiento, de altura y
dtf patriotismo; cuestión infinitamente
grande que arriesga el partido liberal
en esta discordia.
fSs continuará.)
Miscelánea.
El Gobierno ha acordado que se abone
á la cotnpañia de los ferro-carriles de Astnria,s
Galicia y León, la segunda cuaru
parte de la subvención, en vista de que ha
cumplido eu «xceso su cotnpronjíso por h>íber
hecho mayor cantidad de obras que la
concesión exigía.
La Compañía espera poder entregar á ia
explotación, para el próxi mo verano, toda
ia linca de Galicia.
Es inátil manifestar que con ia terminachíii
de lamina se favorecerán ers extremo
los intereses de la Compañía de Medina
á Zamora y de Orense á Vigo ^ue á su vez
piensa terminar en pucos meses la sección
íle Orense á Monfone, en cuyo pun to enlazará
la última con la de Galicia y de consiguiente
con toda la red española.
Existe el proyecto de modificar la organización
del cuerpo de aduanas, aumentando
los créditos consignados en el presupuesto,
con lo cual se consiguiria el aumento
de sueldos dispuestos en la ley de 12 de
Julio de I86g.
Según an telegrama el cupo de la quinta
del año actual a scenderá á 55.000 hombres.
//an bajado bastante las aguas del Miño
y las vegas de las márgenes que estabau
inundadas ya se ven Ubtses.
Asegúrase que los estados de segundo
orden de Europa han decidido provocar
una conferencia para ponerse de acuerdo a
fin de obtener una participación colectiva
en todas las conferencias ó congresos que
celebran las ultimas potencias.
Se añade que Ivp ma no admitirá el proyecto
de estas representada colectivamente
con otras naciones, fundándose en que sií
importancia y su desenvxd vimient o actual
le dan derecho á tener repnefeutaci on propia.
aumento de sueldo gradual de qne disfruta
otros estaHéé i m i^Hlo». •<
2." Lis derechos pasivos, y
3 * • Que el sostenimiento de los Institutos
se incluya en el presupuesto genenal del
Estado.,,
Una comisión havisitade al director general
del ramo, con objeto de gestionar tan
interesante asunto, que dió motivo á una
circular suscrita por dicha comisión, de la
que copiamos el párrafo siguiente:
"La dirección general'tif ne hechos trabajos
en el mismo sentido en que piden los
Institutos. La real izacíón del pensamiento
no encontr irá dificultades en el ministerio
de Fomento, podrá hallarlas en otra parte,
en el espirita de «soque se llama economías
y en los procedimientos burocráticos necesarios
para pasar de un sistema á otro, lo
que biempre presenta inconvenientes que es
necesario venzan la energia en ¡a pretensión,
la claridad en el propósito y la constancia
en seguir il camino que una vez se.
emprende La comisión dice la verdad y
aconsejaá los Insticutos que empleen todos
los medios de legi ti;na influencia que tiene
con los señores representantes de sus respectivas
provincias, para que no solamente
veten en el dia que s^a necesario la reforma,
sinó, y muy principalmente, para que
e'i la comisión de presupuestos , demuestren
que la petición hecha por los institutos, a
más de justa, no ha de causar gravamen
apreciable al presupuesto general del Estado."-
■ ' v . '^ ah i 1 . ■
J?l Porvenir diario demócrata progresista
de Madrid ocúpase de ciertas
cuestiones que afectan á la situación
política de esta provincia y^á
■lo ocurrido recientemente en la
Exeroa. Diputación.
Nos
hacemos cargo, del artículo
•,Hace p(:C)s dias se ha celebrado en Madrid
una reunión, compuesta de vanos representantes-de
institutos de segunda enseñanza,
en la cual se acordó pedir al gobierno:
"i: Que sa conceda al Profesorado «i
del colega, no por que concedamos
importancia á sus ataques, que después
de todo son inofensivos, y á las
claras revelan un apasionamiento y
una saña que discnbrf ia intención
premeditada de herir en su representación
política— ya que no en su honra
porque se halla á cubierto de los golpes
de los mas encarnizados adversarios—
á un Diputado á Cortes cuya
legitima inliuencia y prestigio lastima
á los notahles de la democracia
progresista de esta capital que no so
avienen con la soledad en que viven
con el alejamiento del presupuesto
en que penan y con,, la exigua
significación que alcanzan; sino
para restablecer la verdad, que tan
malparada deja el diario madrileño
por complacer las exigencias
de sus correligionarios de
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En el eslaMeclffilenlo
DE
iamoa Útósada González
acaba de recibir'.
Bacalao de escoria de primera.
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Idem ídem de Data.
Idem idftn de Gruyere.
Galleta inglesa y de Barcelona.
Ron Coganac y Champagne de buena calidad.
Licores de varáa-s clases.
Higos de Fraga y Lepa
Pasas de Málaga.
Aceituna de la¿Re¡na^M¿nzanilla y Padrón.
Avellanas de Valencia.
Escabeches de varias clases; frutas en
conserva, y legumbres.